Me dirigía esta mañana al trabajo, como todos los días. Aún no había terminado de amanecer. Algunas persianas se levantaban dejando ver algunos soñolientos hombres y mujeres en bata asomándose a ver qué tiempo hacía. Muy poca gente por la calle, pero el tráfico era cada vez más denso. De pronto, no sé cómo, me encontré en el suelo tirado, sin poder moverme, y oí los pasos de alguien corriendo lo más lejos posible de mí. Eras tú. Pero no pude verte.
Más tarde me enteré de lo sucedido: me habías asesinado. Los vecinos bajaron corriendo a socorrerme y la policía y la ambulancia no tardaron mucho en llegar. Intentaron reanimarme, pero no pudieron hacer nada por mí. Vi rostros desencajados por el dolor de gente que no conozco de nada. Vi mi cuerpo tirado en el asfalto sobre un charco de mi propia sangre, cubierto por un papel metálico dorado, y ví cómo lo retiraban del lugar ante los ojos de los presentes.
Vi a mi mujer en el momento en que le dieron la noticia. Intenté agarrarla en el momento en que se desmayó, inconsciente de que ya no podía tocarla. No pasó nada, había mucha gente con ella, algunos amigos y vecinos, consolándola. Su llanto siempre me ha quebrado el alma. Sé que no podrá dormir esta noche. Mañana se tendrá que tomar algún calmante para descansar un poco. Y sé que durante mucho tiempo intentará buscarme en la cama con ella, sin encontrarme. Lo que no sabrá es que siempre estaré ahí, sobre esa mitad de la cama sin deshacer, mirándola y echándola de menos, como me echará de menos ella a mí.
Vi a mi único hijo, de apenas dos años. No lloraba, pero sabía que algo no iba bien. Le vi mirar a todos los presentes, extrañado de toda la gente que había en casa. Buscaba a su madre porque tanta gente le abruma, pero uno de mis amigos lo cogió en brazos. No quería que viera a su madre llorar de esa manera. Vi sus enormes ojos y supe la vida que le esperaba. Le veré crecer porque es un chico saludable y tiene una madre muy fuerte y el apoyo de una familia y unos amigos que por nada en el mundo cambiaría. Pero crecerá sin su padre. Probablemente no recordará de mí más que las alabanzas que oiga de la boca de su madre. Tendrá un montón de dudas durante su juventud y no podré orientarle. No se sentirá triste por mi ausencia, pues no se puede extrañar a un desconocido. Pero siempre tendrá un vacío que nadie más que yo podría llenar.
No tardaron en dar la noticia en la televisión: un hombre encapuchado me disparó por la espalda y en repetidas ocasiones, sin que yo pudiera reaccionar, y se dió a la fuga. Hablaban de ti y de mí. De cómo me quitaste la vida en unos pocos y viles segundos. De cómo tú sigues vivo siendo culpable y yo estoy muerto siendo inocente. Dime, ¿cuándo decidiste convertirte en la persona más odiada de este país? ¿Qué es aquéllo por lo que dices que luchas? Te acercaste a mí y me mataste sin que me diera cuenta. ¡Cobarde! Eso no es luchar. Si querías luchar, haberte enfrentado a mí, sin armas ni ningún tipo de ventaja. Solos tú, yo y nuestros ideales. Pero no. Te tapaste la cara, me mataste y huiste. ¡Cobarde! Haces el daño pero no asumes la responsabilidad. Da la cara, como he hecho yo siempre.
En el tanatorio vi a mis familiares, amigos, compañeros, vecinos y conocidos. Estaban todos aquéllos a los que quiero, y todos aquéllos que nos quieren a mi familia y a mí. Y allí se demostró por qué. Ojalá no fuese el sentimiento de dolor el motivo de haberlos reunido a todos. ¿Pero sabes qué? Hoy sólo son capaces de recordar lo bueno que hubo en mí. Los menos allegados guardarán luto unos días, tal vez más, y seguirán con sus vidas. Los más cercanos no podrán olvidar ese momento jamás. Ninguno volverá a verme, pero saben que siempre estaré con ellos, y siempre me recordarán con cariño. En cambio, a ti siempre te verán con odio y lástima. Odio por tus crueles actos. Lástima porque nadie soportaría vivir sabiéndose tan odiado. Dudo mucho que en tu funeral se reuna tanta gente como hoy.
¿Qué es lo que has conseguido? Absolutamente nada de aquéllo que pretendieras conseguir, sino todo lo contrario. No es a mí a quien más ha dolido mi muerte. Ahora mismo, a quien más duele es a la gente que quiero. Pero pronto, a quien más dolerá será a ti, pues lo que has hecho será tu condena en esta vida y en la próxima. Di a los tuyos que cada vez que atacais somos nosotros los que nos hacemos más fuertes, y no vosotros. Diles que cada vez estais más lejos de lo sea que intentais obtener. Que vuestro fin está cada vez más cerca. Porque nosotros creemos en la Justicia y será la Justicia la que os hará pagar por vuestros crímenes.
Más tarde me enteré de lo sucedido: me habías asesinado. Los vecinos bajaron corriendo a socorrerme y la policía y la ambulancia no tardaron mucho en llegar. Intentaron reanimarme, pero no pudieron hacer nada por mí. Vi rostros desencajados por el dolor de gente que no conozco de nada. Vi mi cuerpo tirado en el asfalto sobre un charco de mi propia sangre, cubierto por un papel metálico dorado, y ví cómo lo retiraban del lugar ante los ojos de los presentes.
Vi a mi mujer en el momento en que le dieron la noticia. Intenté agarrarla en el momento en que se desmayó, inconsciente de que ya no podía tocarla. No pasó nada, había mucha gente con ella, algunos amigos y vecinos, consolándola. Su llanto siempre me ha quebrado el alma. Sé que no podrá dormir esta noche. Mañana se tendrá que tomar algún calmante para descansar un poco. Y sé que durante mucho tiempo intentará buscarme en la cama con ella, sin encontrarme. Lo que no sabrá es que siempre estaré ahí, sobre esa mitad de la cama sin deshacer, mirándola y echándola de menos, como me echará de menos ella a mí.
Vi a mi único hijo, de apenas dos años. No lloraba, pero sabía que algo no iba bien. Le vi mirar a todos los presentes, extrañado de toda la gente que había en casa. Buscaba a su madre porque tanta gente le abruma, pero uno de mis amigos lo cogió en brazos. No quería que viera a su madre llorar de esa manera. Vi sus enormes ojos y supe la vida que le esperaba. Le veré crecer porque es un chico saludable y tiene una madre muy fuerte y el apoyo de una familia y unos amigos que por nada en el mundo cambiaría. Pero crecerá sin su padre. Probablemente no recordará de mí más que las alabanzas que oiga de la boca de su madre. Tendrá un montón de dudas durante su juventud y no podré orientarle. No se sentirá triste por mi ausencia, pues no se puede extrañar a un desconocido. Pero siempre tendrá un vacío que nadie más que yo podría llenar.
No tardaron en dar la noticia en la televisión: un hombre encapuchado me disparó por la espalda y en repetidas ocasiones, sin que yo pudiera reaccionar, y se dió a la fuga. Hablaban de ti y de mí. De cómo me quitaste la vida en unos pocos y viles segundos. De cómo tú sigues vivo siendo culpable y yo estoy muerto siendo inocente. Dime, ¿cuándo decidiste convertirte en la persona más odiada de este país? ¿Qué es aquéllo por lo que dices que luchas? Te acercaste a mí y me mataste sin que me diera cuenta. ¡Cobarde! Eso no es luchar. Si querías luchar, haberte enfrentado a mí, sin armas ni ningún tipo de ventaja. Solos tú, yo y nuestros ideales. Pero no. Te tapaste la cara, me mataste y huiste. ¡Cobarde! Haces el daño pero no asumes la responsabilidad. Da la cara, como he hecho yo siempre.
En el tanatorio vi a mis familiares, amigos, compañeros, vecinos y conocidos. Estaban todos aquéllos a los que quiero, y todos aquéllos que nos quieren a mi familia y a mí. Y allí se demostró por qué. Ojalá no fuese el sentimiento de dolor el motivo de haberlos reunido a todos. ¿Pero sabes qué? Hoy sólo son capaces de recordar lo bueno que hubo en mí. Los menos allegados guardarán luto unos días, tal vez más, y seguirán con sus vidas. Los más cercanos no podrán olvidar ese momento jamás. Ninguno volverá a verme, pero saben que siempre estaré con ellos, y siempre me recordarán con cariño. En cambio, a ti siempre te verán con odio y lástima. Odio por tus crueles actos. Lástima porque nadie soportaría vivir sabiéndose tan odiado. Dudo mucho que en tu funeral se reuna tanta gente como hoy.
¿Qué es lo que has conseguido? Absolutamente nada de aquéllo que pretendieras conseguir, sino todo lo contrario. No es a mí a quien más ha dolido mi muerte. Ahora mismo, a quien más duele es a la gente que quiero. Pero pronto, a quien más dolerá será a ti, pues lo que has hecho será tu condena en esta vida y en la próxima. Di a los tuyos que cada vez que atacais somos nosotros los que nos hacemos más fuertes, y no vosotros. Diles que cada vez estais más lejos de lo sea que intentais obtener. Que vuestro fin está cada vez más cerca. Porque nosotros creemos en la Justicia y será la Justicia la que os hará pagar por vuestros crímenes.

1 alusiones:
GUAU...me has dejado sin palabras, me ha gustado un montón tu relato ^^
Por cierto...acabo de darme cuenta de que lo publicaste el día de mi cumpleaños =P
¡Besos!
Publicar un comentario en la entrada