No basta con ser rico

Hay gente que parece que no tengan bastante con tener una vida de éxito y lujo. Parece como si pensaran que todo el mundo está en una situación idéntica a la suya y que todo el mundo hace las mismas cosas. Ya se sabe eso de que "se cree el ladrón que todos son de su condición". Vamos, que les importa una mierda si los que apenas consiguen llegar a fin de mes se sienten un poquito hasta los cojones de aguantarles, cuando son ellos los que viven a costa de la gente de a pie. Yo, por mi parte, estoy harto.

En cualquiera de los interminables espacios publicitarios podemos encontrar, con un 90% de posibilidades, dos de los tres anuncios diferentes en los que es protagonista Fernando Alonso. El 10% restante, verás los tres en el mismo intermedio. ¿Y quién es Fernando Alonso? No, la parte superficial la conocemos todos, me refiero a su historial. Fernando Alonso era un gran desconocido por el que nadie apostaba un duro hasta que empezó a ganar, llegando a convertirse en campeón del mundo de Fórmula Uno. Entonces, mágicamente, se encontraba rodeado de miles y miles de fans que juraban y perjuraban que siempre habían estado con él. ¡Y una mierda! Parece que no era suficiente con lo que ganaba que tuvo que fichar por McLaren, diciéndole a sus fans "seguid siendo la marea azul". Qué creído te lo tienes, cabrón. Pero tus compañeros de McLaren no te querían, por lo que parece, de modo que vuelves con el rabo entre las piernas a Renault, donde tampoco es que te esté yendo demasiado bien, y ya se nota cómo los fans van desapareciendo.

Pues ahora es el maldito momento en que Fernando Alonso es el piloto mejor pagado de la Formula Uno y uno de los deportistas que más cobran en el mundo. ¿Por qué tengo que criticarle? Porque, ¡coño! Con veintiseis millones de euros, más de uno podríamos vivir el resto de nuestra vida sin dar golpe, sin pasar necesidad y dejándole una más que aceptable herencia a nuestros hijos. Pero no, parece que a este tío ese dineral le parece poco. De modo que se gana un sobresueldo haciendo anuncios. En uno lo vemos de un buen humor que es casi seguro que se ha metido de todo vía intravenosa para anunciar un coche que ni se ve. En otro anuncio lo vemos conduciendo (no sé si ese coche u otro, aunque sería la leche que fuera un coche diferente) con una botella de cerveza sobre el capó. Cuántas botellas se habrán roto antes de comprender que era mejor hacer el efecto por ordenador. Y en el tercer anuncio, en principio era de gente que le adelantaba hasta en patinete pero, como era demasiado humillante, decidieron cambiarlo por otro en el que sale haciendo el gilipollas sobre una mesa ante todo un aulario que lo imita. No sé en cuál de los dos está más patético.

Cuánto habrá cobrado por cada anuncio lo desconozco. Probablemente tenga suministro de cerveza de por vida y le hayan regalado un modelo del coche que anuncia, como mínimo. Eso que cualquiera de nosotros tardaría seis años en pagar con la mierda de salarios que hay, a él, cobrando el dineral que cobra, se lo regalan por la cara. Sí, símplemente por ser la imagen de su marca. Si piensan que por usar a un personaje famoso van a obtener más ventas es que subestiman enormemente a sus clientes potenciales. Por mi parte, haría justamente lo contrario.

Otro que tal baila es Rafa Nadal, el tenista. Su historial es similar al del individuo anterior: un niñato que no sabe comportarse en las ruedas de prensa y que conforme iba ganando campeonatos se le iban pegando fans como lapas. Y, como ya iba siendo reconocido, era el momento de convertirlo en imagen comercial. Primero hizo un anuncio de una bebida para niños. Tan mal lo hizo que tuvieron que doblarle la voz. Tras sus pleitos y chorradas, al final pusieron la voz original, que es cuando nos dimos cuenta de por qué le habían doblado. Luego, un anuncio de un coche. Y lo pusieron a hablar japonés (o koreano, o un idioma de estos raros). Una estrategia, pienso yo, muy acertada. Total, tampoco se le iba a entender si hablaba en español.

Que vale, que sí, que son deportistas y la gente para la que hacen esos anuncios son sus patrocinadores y por eso cobran el pastón que cobran. Pero es que ya no es sólo el tener que tragárnoslos durante el espacio de deportes del telediario, sino que también durante los intermedios tenemos que ver cómo se recochinean de lo importantes que son. Pero bueno, tampoco es justo hablar así sólo de ellos; también jugadores de fútbol, baloncesto y otros deportistas han sido la imagen publicitaria de una marca comercial.

Pero luego están los que ni siquiera hacen anuncios, que sólo se muestran disconformes con tal de joder al personal. Tal es el caso de aquéllos que insisten en que los llamemos artistas. Por ejemplo, Alejandro Sanz. Un tío que vive rodeado de lujo, cuya cuenta corriente sigue creciendo mientras se rasca los huevos a dos manos, que si quisiera podría vivir otras tres vidas sin dar un palo al agua y en la más lujosa comodidad. Pero no para de quejarse de que si la piratería tal y cual. Este tío es un imbécil. No sólo vive del dinero de la gente que compra sus discos sino que, encima, les acusa de delincuentes. Que está perdiendo dinero, dice. Si quiere ganar dinero que haga música de verdad y no la mierda con la que está contaminando las ondas. O mejor, que se retire de una puta vez y deje de sacar esos discos que, aunque todos sigan pensando que son maravillas, yo digo que es sólo un enorme montón de mierda con la firma de Alejandro Sanz.

Y, como es evidente, en una crítica a las personas asquerosamente ricas, no podía faltar Bill Gates. Ya no sólo por haber retrasado el avance informático unos cuantos años. No por imponer un monopolio y tratar, por todos los medios, de hundir a la competencia. Tampoco por obligar a los consumidores a someterse a sus exigencias sin ofrecer soluciones a los problemas que sus propios productos provocan, siempre engañándolos y tratándolos como delincuentes. Odio a Bill Gates por una razón ética mucho más importante.

Bill Gates era el hombre más rico del mundo hasta hace relativamente poco, cuando fue relegado al segundo puesto por Carlos Slim. Pues es fuerte decirlo, pero Bill Gates tiene dinero suficiente como para erradicar el hambre en el mundo. Y en lugar de eso, siempre se ha dedicado a usar ese dinero para conseguir aún más dinero. Diréis "está la asociación Gates", si es que veis las noticias. No os engañéis, ésta asociación es un fraude. Un fraude por el que ellos siguen ganando dinero y, agarraos los machos, ¡les conceden premios Príncipe de Asturias! ¡¿Cómo pueden ser tan gilipollas como para darle un premio a esta gente?! ¿Por el bien que hacen con esta labor? Y por el mal que hacen por todo lo demás, ¿qué? ¿Que cerramos los ojos y hacemos como que no pasa nada? Indignante.

Creo que voy a terminar diciendo que hay demasiado dinero en manos de gente que no sabe qué hacer con él o, como se suele decir, qué mal repartido está el mundo.