Mostrando entradas con la etiqueta Cosas que nunca escribí. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cosas que nunca escribí. Mostrar todas las entradas

Al día le faltan horas

No sé si es que me estoy haciendo viejo por momentos y hago las cosas más despacio sin darme cuenta o que todos los relojes del mundo se han puesto de acuerdo en adelantar varios minutos al día. El caso es que, en todo el día, no paro de hacer cosas y, cuando éste acaba, me doy cuenta de que no he hecho prácticamente nada. Es agobiante.

Tengo obligaciones por las clases, que procuro cumplir siempre, excepto cuando se trata de hacer cosas en QBasic, que me aburre un montón, ya que es un lenguaje de programación de mierda, obsoleto e ineficiente con el que es imposible aprender a programar. Se nota que lo odio, ¿verdad? Luego tengo otras obligaciones que me impongo yo mismo. Ya ven, soy así de imbécil. Pero en realidad disfruto con éstas últimas, ya que también lo hago por diversión.

Por ejemplo, Merchandlinux.com es ahora una página estática, sólo de información, y la estoy transformando en una aplicación web más completa y eficiente, utilizando HTML, CSS, JavaScript, PHP y SQL (hala, medio alfabeto). Me gusta hacer páginas web, y además me valdrá como proyecto de fin de curso, dos pájaros de un tiro. Pero, aunque me guste y me vaya a servir para mejorar la tienda, es un trabajo que me quita muchas horas. Horas que, probablemente, estaría utilizando en otras "obligaciones".

¿Por qué no actualizo este blog más a menudo? ¿Por falta de ideas? ¡Ni mucho menos! Símplemente porque no tengo tiempo. Y me da mucha rabia, porque hay un montón de cosas que criticar (las cuales tengo apuntadas, no sea que se me olviden), pero no encuentro el momento para ponerme con ello. Estoy escribiendo esto dejando a un lado momentaneamente la tienda. Y cuando termine esta "crítica" (que ya no sé ni lo que es), volveré a ponerme con ella. Y voy a dejar ya de hacer publicidad, que ya sé que ninguno vais a comprar, cabrones.

Hace unas semanas comencé una tira de humor informático (otra de tantas) y, aunque tengo algunos guiones escritos que me dan para hacer unas cuantas, no tengo tiempo de dibujarlas. ¿Cómo que "menos mal"? Joder, si estáis leyendo esto, ya estáis curados de espantos. Ya las pondré, y será entonces cuando suplicaréis que os corten la conexión a Internet y os haréis monjes budistas. Pero, la verdad, va para largo. Hasta que no tenga cinco o seis y tenga varias opiniones, no colgaré nada.

No tengo tiempo ni para divertirme. Tengo capítulos descargados de Héroes sin ver. Tranquilos, inspectores de la SGAE, tengo intención de comprarlos en DVD, pero fíjense que no tengo tiempo. Hasta estuve tentado de comprarlo por Internet para despreocuparme, pero joder, son cerca de veinte euros más. Que no tendré tiempo, pero no soy gilipollas. Igual pasa con las películas, con las ganas que tengo de volver a ver las sagas de Matrix y El Señor de los Anillos y ahí están, cogiendo polvo.

Tengo la PlayStation 3 aburrida. Durante la última Semana Santa la toqué ¡veinte minutos! Y no se crean que ahora la toco mucho más. Cuando entregué el proyecto anterior sí jugué un poco más. Una semana me duró la diversión hasta que me puse con la tienda (ups, publicidad otra vez... ¿qué coño? ¡Comprad, cojones!). Quiero terminar el proyecto para el próximo martes, que sale el juego por el cual me compré la consola. Otra cosa es que lo consiga, ya que me he embarcado en un trabajo de mucha envergadura (lectores argentinos, no hagáis chistes) y me va a tener absorbido bastante tiempo.

Me compré, hace más de un año ya, una guitarra eléctrica con la intención de aprender a tocarla. ¿Creen que he aprendido? ¡Claro que no! Aparte de que las clases de guitarra son más caras que tener una novia pija, no tengo tiempo. Ahí la tengo, arrinconada, muerta de risa, desde hace meses. Y, si algún día me decido a sacarla, estoy diez minutos tocando las mismas canciones de siempre con las que no puedo avanzar y termino con los dedos doloridos por la falta de costumbre.

Comprarme libros para leer (¿para qué va a ser, si no?) es totalmente impensable. Ya leo suficiente por Internet, en la mayoría de ocasiones verdaderas gilipolleces acompañadas de crímenes contra el Diccionario que deberían ser multadas y/o "recompensadas" con un par de puñetazos. De buena gana me pondría delante de la ventana a leerme un buen libro, pero (sí, lo voy a decir otra vez) no tengo tiempo.

Ahora viene mi ataque del día contra Windows: ¿acaso me puedo permitir perder ese tiempo que no tengo con cuelgues de programas, escaneos en busca de virus, desfragmentaciones, la lentísima velocidad de navegación y, en el peor de los casos pero muy habitualmente, la reinstalación del sistema con la consiguiente necesidad de hacer copias de seguridad de absolutamente todo? Creo que es obvio que no. Lo que no entiendo es cómo hay gente que está peor que yo y sí lo permite.

Definitivamente, necesito unas vacaciones.

Amplía la crítica [+]

Carta a mi asesino

Me dirigía esta mañana al trabajo, como todos los días. Aún no había terminado de amanecer. Algunas persianas se levantaban dejando ver algunos soñolientos hombres y mujeres en bata asomándose a ver qué tiempo hacía. Muy poca gente por la calle, pero el tráfico era cada vez más denso. De pronto, no sé cómo, me encontré en el suelo tirado, sin poder moverme, y oí los pasos de alguien corriendo lo más lejos posible de mí. Eras tú. Pero no pude verte.

Más tarde me enteré de lo sucedido: me habías asesinado. Los vecinos bajaron corriendo a socorrerme y la policía y la ambulancia no tardaron mucho en llegar. Intentaron reanimarme, pero no pudieron hacer nada por mí. Vi rostros desencajados por el dolor de gente que no conozco de nada. Vi mi cuerpo tirado en el asfalto sobre un charco de mi propia sangre, cubierto por un papel metálico dorado, y ví cómo lo retiraban del lugar ante los ojos de los presentes.

Vi a mi mujer en el momento en que le dieron la noticia. Intenté agarrarla en el momento en que se desmayó, inconsciente de que ya no podía tocarla. No pasó nada, había mucha gente con ella, algunos amigos y vecinos, consolándola. Su llanto siempre me ha quebrado el alma. Sé que no podrá dormir esta noche. Mañana se tendrá que tomar algún calmante para descansar un poco. Y sé que durante mucho tiempo intentará buscarme en la cama con ella, sin encontrarme. Lo que no sabrá es que siempre estaré ahí, sobre esa mitad de la cama sin deshacer, mirándola y echándola de menos, como me echará de menos ella a mí.

Vi a mi único hijo, de apenas dos años. No lloraba, pero sabía que algo no iba bien. Le vi mirar a todos los presentes, extrañado de toda la gente que había en casa. Buscaba a su madre porque tanta gente le abruma, pero uno de mis amigos lo cogió en brazos. No quería que viera a su madre llorar de esa manera. Vi sus enormes ojos y supe la vida que le esperaba. Le veré crecer porque es un chico saludable y tiene una madre muy fuerte y el apoyo de una familia y unos amigos que por nada en el mundo cambiaría. Pero crecerá sin su padre. Probablemente no recordará de mí más que las alabanzas que oiga de la boca de su madre. Tendrá un montón de dudas durante su juventud y no podré orientarle. No se sentirá triste por mi ausencia, pues no se puede extrañar a un desconocido. Pero siempre tendrá un vacío que nadie más que yo podría llenar.

No tardaron en dar la noticia en la televisión: un hombre encapuchado me disparó por la espalda y en repetidas ocasiones, sin que yo pudiera reaccionar, y se dió a la fuga. Hablaban de ti y de mí. De cómo me quitaste la vida en unos pocos y viles segundos. De cómo tú sigues vivo siendo culpable y yo estoy muerto siendo inocente. Dime, ¿cuándo decidiste convertirte en la persona más odiada de este país? ¿Qué es aquéllo por lo que dices que luchas? Te acercaste a mí y me mataste sin que me diera cuenta. ¡Cobarde! Eso no es luchar. Si querías luchar, haberte enfrentado a mí, sin armas ni ningún tipo de ventaja. Solos tú, yo y nuestros ideales. Pero no. Te tapaste la cara, me mataste y huiste. ¡Cobarde! Haces el daño pero no asumes la responsabilidad. Da la cara, como he hecho yo siempre.

En el tanatorio vi a mis familiares, amigos, compañeros, vecinos y conocidos. Estaban todos aquéllos a los que quiero, y todos aquéllos que nos quieren a mi familia y a mí. Y allí se demostró por qué. Ojalá no fuese el sentimiento de dolor el motivo de haberlos reunido a todos. ¿Pero sabes qué? Hoy sólo son capaces de recordar lo bueno que hubo en mí. Los menos allegados guardarán luto unos días, tal vez más, y seguirán con sus vidas. Los más cercanos no podrán olvidar ese momento jamás. Ninguno volverá a verme, pero saben que siempre estaré con ellos, y siempre me recordarán con cariño. En cambio, a ti siempre te verán con odio y lástima. Odio por tus crueles actos. Lástima porque nadie soportaría vivir sabiéndose tan odiado. Dudo mucho que en tu funeral se reuna tanta gente como hoy.

¿Qué es lo que has conseguido? Absolutamente nada de aquéllo que pretendieras conseguir, sino todo lo contrario. No es a mí a quien más ha dolido mi muerte. Ahora mismo, a quien más duele es a la gente que quiero. Pero pronto, a quien más dolerá será a ti, pues lo que has hecho será tu condena en esta vida y en la próxima. Di a los tuyos que cada vez que atacais somos nosotros los que nos hacemos más fuertes, y no vosotros. Diles que cada vez estais más lejos de lo sea que intentais obtener. Que vuestro fin está cada vez más cerca. Porque nosotros creemos en la Justicia y será la Justicia la que os hará pagar por vuestros crímenes.

Amplía la crítica [+]

Esto es el fin

Cada mañana me levanto con la sensación de que no soy nada. Siento que hasta la almohada se ríe de mí. Intento no pensar en ello; intento ser fuerte. Pero esta sensación me puede.

Intento hacer vida normal, pero siempre hay algo que me lo impide. Tengo la sensación de que soy un desastre, de que todo lo que toco lo destrozo. No hay un sólo momento en el que haga algo bien. Cada día, cada maldito día, es un tropiezo tras otro. Ya apenas tengo ganas de levantarme y seguir luchando.

No puedo quejarme; nadie me va a escuchar. A veces, parece que hay alguien interesado en escucharme, que me pregunta qué me ocurre, qué problema tengo. Pero son tantos mis problemas que me cuesta mucho saber por cuál empezar. Es sólo una ilusión momentánea; no me quieren escuchar. Siento que todos me torean y se ríen de mí. Todos hablan de mí. Siempre acaban consiguiendo que desista en lo que sea que esté intentando.

Tengo ganas de demandarlos a todos. O mejor aún: de matarlos a todos. Siento una enorme impotencia; me siento desprotegido. Hacen lo que quieren conmigo y ni siquiera me piden opinión. Eso no me gusta. No me gusta nada. Lo detesto. Dicen que vivimos en democracia, pero en realidad hacen siempre lo que quieren. Siempre me están diciendo que soy la persona más importante sobre la Tierra. Pero, realmente, a nadie le importo una mierda. Incluso una mierda es más importante para los demás que yo.

Realmente, no tengo derecho a quejarme, puesto que he sido yo el que lo ha elegido así. Pero es que, cuando tomé mi decisión, esperaba que mi vida mejorara. Ésto sólo la ha empeorado. He intentado deshacer el entuerto. De verdad que lo he intentado. He tratado con todas mis fuerzas de subsanar mi error. De hacer borrón y cuenta nueva. Pero no puedo hacerlo solo, como me encuentro. Solo.

Tengo ganas de morir. Mi vida es demasiado miserable como para seguir existiendo. Pero el suicidio es algo que me desconcierta. No es miedo. Es incertidumbre. Incertidumbre de no saber si soy demasiado cobarde como para hacerlo o lo suficientemente valiente como para no hacerlo y seguir luchando hasta que no me quede una gota de sangre que derramar, ni un solo recurso que agotar. Y todos los días pienso en ello.

Tan sólo necesitaría una palabra de apoyo, un ápice de esperanza. Tener la ligera sensación de que puedo conseguir algo, de que puedo hacer algo bien hecho. Siempre tiendo a ver el vaso medio lleno pese a que todo me indica que está más seco que un bocadillo de polvorones. Siempre intento ver más allá, pero parece que siempre hay alguien que me lo impide.

Y es que me lo han quitado todo. Me han robado mi razón de ser. Me han despojado de mis derechos y no parece importarle a nadie. Ni siquiera a aquéllos que afirman defender al indefenso. Me han destrozado la vida. No puedo más. Estoy harto. Esto es el fin. Definitivamente...

¡ME DOY DE BAJA EN INTERNET!

Amplía la crítica [+]