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Así es ver Los Simpsons en España

Sábado por la noche. En Antena 3 se disponen a emitir uno de los nuevos capítulos de Los Simpsons, que no es nuevo, sino la reposición de un capítulo de la última temporada que tienen. Así es ver un capítulo de Los Simpsons.

21:40 horas. Los presentadores del informativo de la noche se despiden diciendo "a continuación, Los Simpsons". Y cuando dice "a continuación" se refieren a "cuando nos cansemos de poner anuncios, entonces".

21:54 horas. Tras catorce minutos de anuncios, comienza el parte meteorológico, a modo de sandwitch: primero el anuncio del patrocinador, luego el informe, y de nuevo el anuncio. A las 21:56 horas ha terminado. Es decir, que para dos putos minutos de informe, que normalmente lo ponen al final del informativo, nos han metido catorce de anuncios. Tras ésto, un aviso de "volvemos en 30 segundos", que viene a ser "ponemos un anuncio más, por si no tenías bastante, y ahora te ponemos lo que querías ver". Pero justamente ese anuncio no dura treinta segundos, sino un minuto. Encima, engañando.

21:57 horas. Parece que comienza la serie. Lo sabemos porque ahí está el anuncio del patrocinador. Durante la emisión, siguen apareciendo anuncios de la propia programación de la cadena. Y son tan oportunos que, para una escena en la que salen los rótulos traduciendo lo que se ve en la imagen, el anuncio está por encima y no se ve una mierda.

22:09 horas. Tras sólo doce minutos de emisión te ponen un intermedio. En él te ponen anuncios de todo tipo: coches, supermercados, refrescos, ofertas de telefonía... Y es que te los ponen todos, oye. En el mismo intermedio tienes todas las opciones del mercado. Como tengas que decidir, vas listo.

22.24 horas. Quince minutos de anuncios. A uno ya se le ha olvidado qué coño estaba viendo. Desesperante. Ya parece que Los Simpsons vuelven del intermedio, porque de nuevo está ahí el anuncio del patrocinador. Pero no, tras el anuncio meten otro de lo que emitirá la cadena próximamente. Es para agarrar a alguien y darle puñetazos hasta que se le pongan los dientes en el culo.

Y seis minutos después, durante los cuales nos han colado otro anuncio de programación, a las 22:32 horas, termina el capítulo de Los Simpsons. De nuevo el anuncio del patrocinador, pero no termino de verlo porque ya he apagado la tele. Seguramente después haya otro reguero de anuncios antes de poner la mierda de película que pondrán, seguramente.

Así podemos comprobar que un capítulo de Los Simpsons dura veinte minutos, durante los cuales nos han metido quince y nos han tenido esperando otros quince, si no contamos el informe meteorológico. En total, treinta minutos de anuncios para veinte de programación que, a razón de un anuncio por cada treinta segundos, son sesenta anuncios.

Ésto es absolutamente despreciable. Una enorme falta de respeto hacia el telespectador. Con ésto sólo se demuestra que a ésta cadena (aunque no es la única) le importa una mierda el entretenimiento y que sólo le interesa el dinero que recibe con la publicidad.

Apagad la televisión. O mejor, desintonizadla. Usadla tan sólo para ver películas o jugar con la videoconsola. Porque la televisión, en España, da verdadero asco.

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Cutrevision 2008

Como todos sabrán, el sábado 24 se celebró el taitantos festival de Eurovisión y, como ocurre siempre, España no ha ganado. Pero esta vez ha sido por algo diferente: en esta ocasión no hemos enviado a un participante con posibilidades sino una canción que estaba destinada al fracaso.

Siempre enviamos una canción seria con intención de hacer una buena participación en el festival y siempre quedamos de la mitad para abajo. Eso sí, siempre llegamos como favoritos. Pues tan favoritos que somos, ¿por qué nunca ganamos? Igual que en el fútbol, que España siempre parte como favorita y nunca pasamos de cuartos de final. Ya sabéis, siempre que los "expertos" digan "España es la favorita" podéis cambiar de canal que no vamos a ganar ni de coña.

Bueno, a lo que iba. Siempre mandamos una canción "decente" (dentro de lo que cabe) y quedamos fatal. Pues esta vez mandamos una canción de mierda y, por lo menos, nos reimos. Total, ganar no vamos a ganar. Si los demás países de Europa nos odian pero luego bien que vienen a por trabajo. En esta ocasión no íbamos a ganar, sino a denunciar el circo en el que se ha convertido este festival de la canción.

Eurovisión se ha echado a perder desde que los puntos dejaron de darlos un jurado de cada país y comenzó a ser la gente la que votara por teléfono, cegados por la cantidad de dinero que recaudarían y, de hecho, recaudan. Cuando no había teléfonos móviles, había que llamar por teléfono a un número de pago; ahora, además, se puede hacer a través de mensajes de texto. Y esto es un sistema que no puede funcionar, porque claro, la misma persona puede votar varias veces. Es lo que se denomina SMScracia (bueno, vale, es un término que me acabo de inventar). ¿Se imaginan unas elecciones generales a través de mensajes de texto? Se registrarían el triple de votos que habitantes. Y claro, las compañías telefónicas encantadas.

Porque ya no se vota a la canción que más se lo merezca, sino al país que más amigos políticos tenga. Y es que no es normal que Uribarri sepa de antemano a qué país va a votar cada uno. Y es que no se le escapa ni una. Cómo se notan los años que lleva en ese mundillo. España, como no tiene amigos, que somos el país extra que regala puntos, pues puntúa a los países que dicen los ciudadanos con sus mensajes, y como la mitad de la población es extranjera y la mayoría de un país concreto, pues nuestros votos van para ese país. Lo dicho: la SMScracia no funciona.

¿Se puede dar luego por satisfecho el ganador? ¿Pensará que es el que más ha gustado en Europa? Tal vez sea el único que piense que el festival es maravilloso; el resto de países, al día siguiente y siempre por siempre jamás, comienzan a criticar Eurovisión, que si es una bazofia, que si todo es politiqueo... Y yo siempre generalizando cuando no sé más que lo que veo en la televisión de aquí, pero con algo tenía que rellenar este párrafo.

Para terminar diré que casi siempre ganan los países del este de Europa, porque se votan entre ellos, mientras que los de Europa occidental los primeros puestos ni los olemos. Ya va siendo hora de que pensemos seriamente en si seguimos participando o nos apartamos de un concurso en el que estamos destinados a perder año tras año.

Si pensaban que iba a poner el vídeo del Chiqui-Chiqui, les ahorraré las molestias, que seré cabrón, pero no tanto. Total, para ver a un actor con peluca cantando una canción absurda, una coreografía preparada para salir mal y un público que ni se molestó en aplaudir (los aplausos los pusieron por ordenador (bueno, es coña, pero yo esperaba oir el chirriar de los grillos al terminar)), mejor darse cabezazos contra una pared con gotelé. Y no, la canción de esta semana tampoco es el Chiqui-Chiqui. A joderse.

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Destrocemos Eurovisión

Todos los años la misma historia: se acerca el festival de Eurovisión y, nada más nombrarlo, la primera palabra que nos viene a la mente es "ridículo". No porque el concurso sea ridículo, sino porque cada año el imbécil que mandamos es más imbécil todavía que el del año anterior. Y todavía se preguntan por qué no ganamos nunca.

Mi mente está tan jodidamente deteriorada que no puedo recordar más allá de unos pocos años del concurso. Lo máximo que alcanzo a recordar es a una tal Lydia allá por el año 1999. Qué gran voz. Pero qué mal gusto tiene vistiendo la muy hija de puta. No podía haber elegido un vestido mejor, no, tuvo que ponerse el vestido más hortera de la diseñadora más hortera del mundo mundial. Además, dudo mucho que una canción cuyo tema es la infidelidad tenga buena acogida en una ciudad como Jerusalén. Aún me extraña que sólo nos concedieran un mísero punto, impidiéndonos concursar al año siguiente. ¡Deberían habernos prohibido la entrada de por vida!

Al siguiente año y para que no nos quedemos con el mono de Eurovisión hicieron un concurso de ámbito nacional para elegir al que podría habernos representado en Eurovisión si la niñata del año anterior se hubiera quedado en casita. Y casi fue peor el remedio que la enfermedad, ya que nos tocó tragarnos todo un verano con Raúl y su "Sueño su boca". Yo sí que soñaba su boca. Pegada a mi puño en fatal colisión.

Al año siguiente, ya sí pudimos ir. Hombreeee, que hay que ponerlo, ya que estamos pagando una pasta por promocionar a nuestros artistas. Mandamos a David Civera, un cantante salido de un programa destinado a cambiar la letra de canciones y ridiculizar la sociedad de por entonces (que tampoco es que hayamos mejorado mucho, la verdad). Ciertamente, no estuvo nada mal: una canción sencilla, pegadiza, ritmos latinos y una normalita puesta en escena que nos dejó en un quinto puesto. Un aplauso (¡sólo uno!).

Unos meses después, la cadena TVE (Toca Ver Estupideces), que es la que televisa el festival en España, creó el concurso Operación Triunfo, con la idea de enviar a Eurovisión al ganador. Como muchos sabréis u os imaginais, es a este programa a quien tenemos que agradecer la mitad de la bazofia que contaminan las ondas. ¿Quién ganó el concurso? Rosa, apodada "Rosa de España", como si de un luchador de Pressing Catch se tratara. Bueno, ganó el concurso, pero a efectos reales, está mucho más cotizado Bisbal que la actual imagen de productos dietéticos (sigo hablando de Rosa), aunque no gracias a mí, precisamente.

Así que nada, enviamos a Rosa a cantar un tema muy español: "Europe's living a celebration" (toma ya, que se note que zemoh intennacionaleh i zabemoh d'alemán), acompañada por otros cinco del mismo concurso. Y porque en Eurovisión no permiten que haya más de seis personas en el escenario que, si no, mandamos a toda la tropa, a sus familias, a los demás finalistas del casting y hasta a Manolo el del bombo si hace falta. Por supuesto, elegimos la canción y la persona que iría a través de mensajitos SMS. Bueno, al menos eso nos hicieron creer, que seguro que hubo tongo. Sinceramente, la canción más acorde era la de Bisbal, "Corazón latino". A ver, si el año anterior mandamos a Civera con una canción Latina y quedamos quintos, y ese año teníamos una canción latina todavía mejor, ¿por qué coño mandamos esa mierda? Pues los resultados me dan la razón, ya que ganó una canción latina de yo qué sé qué país.

Y poco recuerdo o quiero recordar de lo que mandamos después. Si es que lo único que enviamos son niñatas y maricones pegando alaridos y haciendo como que bailan. Que menudos viajes que se pegan gratis los muy cabrones. Me da vergüenza que esa gentuza sea la que me represente como español. Me siento indignado. No me da la gana que en el resto de Europa nos miren como un país de ignorantes y vagos, con una creatividad nula, que es lo que les estamos mostrando.

Y este año, con la imaginación que caracteriza a los productores de televisión, proponen un concurso en el que cualquiera puede enviar sus canciones grabadas en vídeo y que el resto de la gente las vote. Y es que es tal las ganas de hacer el gilipollas ante los demás que cualquiera manda la primera chorrada que se le pasa por la cabeza. Y lo peor es ¡que la gente los vota! ¿Pero de verdad quieren que los represente un inútil con menos gusto que cerebro? ¿De verdad se sienten identificados con esa basura que algún hereje se atrevió a denominar "música"?

De aquí surge un teorema cuántico: cuanti más absurda sea tu propuesta, más éxito va a tener. Mientras tanto, otras propuestas mucho más elaboradas, con verdaderos artistas que se lo están currando a base de bien, se van quedando rezagados, víctimas de una gente que se dedica a potenciar el absurdo. He aquí la respuesta de por qué siempre perdemos: porque somos así de imbéciles, porque nos hacen gracia cosas que cualquier otro país del mundo o de fuera erradicaría, porque carecemos de los sentidos de la vergüenza y del honor y porque no somos capaces de aspirar a lo más alto.

La mejor cancion y puesta en escena que ha pasado jamás y pasará por Eurovisión es esta:


Yo mandaría a una cabra montesa, que seguro hace mejor papel que ninguno de los personajes que podamos mandar.

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Demuestra lo que vales

No hace mucho hablé un poco de los castings de televisión, de cómo la gente va a hacer el ganso sin importarle el ridículo que hagan, por el simple hecho de "¡mira mamá, salgo en televisión! ¡Y, esta vez, sin esposas!".

Resulta que a los productores (los que se encargan de copiar formatos de otras televisiones) se les ocurrió hacer un casting para un concurso, pero como no se les ocurrió qué concurso hacer, pues dijeron "pues vamos a hacer que el propio casting sea un concurso". Y dicho y hecho: montaron cuatro cámaras, pusieron un decorado y venga, que vaya pasando la gente a ver quién es más gilipollas.

Ahí se pueden presentar hasta los cactus. Yo creo que si me presento y, símplemente, me quedo allí de pie, obtendría más puntuación que cualquier otro. Porque, a ver, ¿cómo puede alguien pensar que tirarse pedos cuando quiera es tener talento? Eso es que eres flatulento, hombre, así de simple. Yo puedo mover las orejas, pero no por eso digo que tengo un don. Es símplemente que salí defectuoso. Cuando nos fabricaron, se les agotaron las virtudes y me pusieron eso, que ya me dirás tú para qué coño sive. Es como tener un sexto dedo en el pie.

Luego hay gente que cree que canta bien y parece que están depilando a un gato con una sierra mecánica. O gente que ni siquiera canta, y se pone a hacer el imbécil por el escenario. A ver, ¿quién se ha dejado abierta la jaula de esta gente? Venga, el único minuto de gloria que puede tener en su vida lo malgasta haciendo el subnormal. No tendrán nada mejor que hacer.

Lo peor es que parecen divertir al público, porque se descojonan de una manera asombrosa. Yo no puedo reirme con estas cosas. Debo ser un bicho raro, ya que no me hace ninguna gracia que la gente se disponga a hacer el ridículo de esa manera. He llegado a pensar que les pagan a cada aspirante que se presenta, porque, de otra manera, no me lo explico. De todos modos, pienso yo que la dignidad no es algo que se pueda comprar. Vale, confirmado: soy un bicho raro.

Por si fuera poco, al poco tiempo, otra cadena sacó un programa exactamente igual, por si no tuviéramos bastante con uno. No es que haya similitudes, no. ¡Es que es exactamente igual! Hasta el día de emisión y la hora es la misma, para poder elegir con qué cadena vomitar. La única diferencia es el nombre, pero el resto, no cambia nada.

¿Por qué hacen esto? Es decir, ¿por qué copian un formato que es una auténtica mierda? Primero, porque los productores españoles son unos cachondos, pero poseen una originalidad nula. Yo quiero ser productor, para cobrar una pasta por no hacer nada. Segundo, porque se han puesto todos de acuerdo en hundir la televisión española en lo más profundo de un sumidero. Si pensabas que nuestra televisión no podía caer más bajo, te equivocabas. Y tercero, para poder reirse de nuevo de los aspirantes que no pasaron el programa de la otra cadena.

Es que tiene cojones. Fuiste a un programa, hiciste el ridículo, te echaron por lo imbécil que eres y vuelves a presentarte a otro programa exactamente igual. ¿Acaso crees que en este otro lo vas a hacer mejor? ¿Acaso crees que te van a seleccionar ahora? Si eres un inútil, por eso estás en el segundo programa. Los que no lo son ya pasaron el primero, por eso no te los encontrarás aquí. Sólo te vas a cruzar con los demás inútiles que no pasaron el anterior. Haciendo amistades, ¿eh?

Voy a crear yo otro programa para recoger las "sobras" de estos dos programas, para asegurarme de que lo que entra es pura bazofia. Los seduciré, no sé, con promesas de éxito seguro, dinero o merienda gratis. Y, cuando estén todos juntos, tal vez gasearlos, o tirarles una granada, o tirarles una moneda y que se maten entre ellos. Aún no lo he decidido. De todos modos, no creo que nadie les eche en falta, y estaré haciendo un favor a la humanidad.

Estos programas están hechos para que vaya la gente que sabe que no tiene talento alguno. Si lo tuvieran de verdad, no se presentarían. Yo, por ejemplo, soy capaz de montar una torre de ordenador en unos diez minutos, pero nadie me va a dar un premio por eso. También sé arreglar los incontables problemas Windows, pero fíjate que nadie me ha dado nunca ni las gracias por ello. A nadie le importa lo que yo sepa hacer. Si tú crees que siendo un completo inútil te van a hacer la ola, pues nada, preséntate. Nos encantará descojonarnos de ti.

¿Qué haces aquí todavía? ¡La fama te espera!

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Carta a Mermelada

Qué bueno es que te den el trabajo hecho. Aquí dejo una carta de El Sevilla dedicada a Jorge Javier Vázquez (a.k.a. Mermelada), de la que no tengo absolutamente nada que añadir.


Hasta ahora, El Sevilla sólo era una persona que me provocaba simpatía. Ahora es alguien a quien admirar.

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Karmele no está loca

Muchos son los que criticaron a Karmele Marchante por estas imágenes:


Pero hoy me planto yo aquí en su defensa. Cómo se nota que ninguno de vosotros ha pasado, de la noche a la mañana, de vivir rodeado de lujo (el no pagar hipoteca se puede considerar lujo) a estar preso en una isla desierta, en condiciones infrahumanas, pasando hambre y conviviendo con bichos. No, los demás concursantes no (bueno, también), sino los mosquitos y demás insectos que por allí pululan.

Puede ser tal la presión, el estado de estrés que una persona puede acumular que, a veces, es necesario fantasear un poco para alejarse levemente de la cruda realidad y liberarse un poco de la fatiga acumulada. ¿Qué puede haber de malo en eso?

Pero yo os puedo asegurar que nada de esto le ha pasado a esta mujer. De hecho, Karmele es más cool que ninguno de vosotros. Seguro que todos pensáis que estaba loca por hablar con una piedra como si fuera un teléfono móvil, pero lo que ninguno sabéis es que sí estaba hablando realmente con esa tal Teresa. Porque lo que tenía en sus manos era lo último en tecnología: el iStone.


Un teléfono ultraresistente, con cobertura mundial, que lo mismo te sirve para hablar con una persona a miles de kilómetros de distancia como para abrir cocos o escalabrar al más cercano. Y todo con la calidad que garantiza Apple.

Aquéllos que dijeron "la credibilidad de las noticias de una mujer que habla con una piedra es ahora totalmente nula" se pueden empezar a tragar sus palabras.

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¿Buscas trabajo?

¿Estás sin empleo? ¿Hasta las narices de escuchar eso del "ya te llamaremos", como si la entrevista fuese un casting de Operación Triunfo? ¿Eres de los que, cuando buscas un trabajo, sólo encuentras ésto? ¿Ni siquiera las empresas de trabajo temporal tienen tiempo para ti? Tenemos la solución. No exigimos importantes títulos académicos ni buena presencia. Ni siquiera hace falta saber leer. Y puestos, ni siquiera hace falta saber hablar correctamente. Si quieres trabajo... ¡VEN A LA TELEVISIÓN!

Seamos serios. Toca mucho las narices encender la televisión y ver a gentuza (porque no se le puede llamar de otra forma) haciendo el gilipollas para toda España y cobrando por ello un dineral mientras en la calle hay auténticos profesionales, incluso titulados universitarios, que se dan de hostias por encontrar un trabajo. Gentuza que, en la pantalla, se sientan a ver cómo les engorda el culo y la cuenta corriente y a decir chorradas mientras otros son capaces de viajar a cualquier parte del país, o incluso del mundo, con tal de ganar un sustento que les permita vivir y, en muchos casos, mantener a su familia.

Porque, ¿quiénes son Rocío Carrasco y Kiko Rivera, a.k.a. Rociíto y Paquirrín, respectiviwonder? Pues son auténticos inútiles que no han hecho nada en la vida (ni bueno ni de provecho) y que, por el simple hecho de ser hijos de cantantes famosas se creen con derecho a todo. Pero, ¿qué coño hacen los "reporteros" comiéndose unos a otros por ser los primeros en preguntar por sus relaciones sexuales? Y luego, los "periodistas" dando cientos de versiones diferentes a cualquier cosa que haya salido por su boca. ¿De verdad le importa eso a alguien?

Pero si no eres nadie y, de repente, te despiertas acompañado/a por una persona famosa, automáticamente tú te conviertes en noticia, como es el caso de Belén Esteban. Y si ya tienes un hijo con dicho personaje famoso, pues más noticia todavía, como es el caso de Belén Esteban. Y si, además, hablas constantemente de tu hijo/a y la relación con su padre/madre famoso/a cuando no sabes de qué hablar, pues ya te dan un espacio en televisión y todo, como es el caso de Belén Esteban.

¿Que quién es Belén Esteban? Pues es una mujer, muy operada ella, que afirma que 14+6=21 y cuyo conocimiento del catetismo y la ordinariez la obligan a decir tres tacos de cada cuatro palabras. Ante toda España y en horario infantil, que es lo mejor. Además, tiene un serio problema en los ojos, en coordinación con cierta parte del cerebro que los científicos aún no han descubierto, que provoca que cada vez que suelta la expresión "¿me entiendes?" los globos oculares intenten volverse del revés.

¿Qué tiene de especial esta señora? Pues que tuvo una hija en común con el torero (o ex-torero, que ya no se sabe ni lo que es) Jesulín de Ubrique. Pues vale, la tuvo. ¿Acaso me importa lo suficiente como para tener que aguantarte en televisión todos los días? Pero no te creas que veo tu programa, no. Lo veo en "Sé lo que hicísteis", que todos los días sacan, al menos, una de tus catetadas. Ahora dices que te casas... ¡Y los "periodistas" lo declaran como "noticia"! ¡¿Pero qué noticia ni qué niño muerto?! ¡Que me importa una mierda! De la boda de mi prima no se enteraron más que sus familiares y sus amigos. ¿Por qué nos tenemos que enterar toda España de la tuya?

Dejemos ya a Belén Esteban que me está entrando urticaria y vamos a hablar de otro especímen digno de crítica: el concursante. Un ser que se presenta a un concurso en televisión y demuestra que es tan súmamente patético que todos los programas de televisión igualmente patéticos (o más, si cabe) ¡le ofrecen dinero por seguir haciendo el gilipollas! Joder, para tirar el dinero, que me lo den a mí y me compro un jamón. O un chalé en Marina D'or, para lo que llegue.

Y por último: el cabeza de turco, el que se convierte en protagonista de algo que no ha ocurrido. Es que, las cadenas, cuando se les acaba el material, se inventan las noticias. Que si "fuentes fiables", que si "llamadas recientes", que si "mensaje de texto"... Nada, todo mentiras. Los productores escogen al cabeza de turco, se inventan una historia, lo cuentan en televisión y ¡hala! todas las demás cadenas a ver si se enteran de algo, como buitres carroñeros. ¿Que luego se desmiente? ¡No pasa nada! Se echa la culpa a otra cadena y "lío, lío, que yo no he sío". Lo peor es que, a veces, aciertan. Y si no aciertan, acaban sacando algunos trapos sucios, con lo que ya tienen tema de conversación para los próximos dos meses, como mínimo, porque siempre se puede volver a sacar el tema para dar más por saco.

Todo esto tiene que demostrar que la gente ve este tipo de cosas para demostrarse a sí misma que hay gente mucho más absurda y con una vida mucho más triste:
- Jopé, tía, llevo una vida asquerosa, tía...
- Jo, tía, pues mira a la Karmele, hablando con una piedra, osea...

Pero parece que no se dan cuenta de que estos seres cobran más dinero en un par de horas que la mayoría de los estos infravalorados seres en un año. Porque cuando tienes trabajo, te levantas a las seis o las siete de la mañana, te vas al curro, bien a pie, en coche, en moto, en autobús o en patinete y te pones a trabajar en lo que sea que trabajes para, a final de mes, cobrar unos mil euros. Cuando sales ocho o nueve horas después, te vas al segundo curro porque con mil euros no puedes comer tres veces al día y tener agua caliente a la vez. Al final de tooooda la maldita jornada, llegas a casa como si vinieras de la guerra, con los pies echando humo, te empotras en el sofá y pones la tele. Y ahí ves a cuatro gilipollas que llegan, se sientan, sueltan todas las estupideces que se les ocurren y "hasta la semana que viene". ¡Qué guay soy!

Así que, lo dicho: si no tienes trabajo y no te importa perder la dignidad que te quedaba, en televisión, con decir "miren, no tengo trabajo, a ver si se pueden inventar una historia pa mí y me saco unas pelillas", siempre habrá un hueco para ti.

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Un himno para identificar a los españoles

Hasta hace escasos días no tenía ni puñetera idea de que el himno nacional español no tenía letra oficial. Siempre había pensado que la letra era aquélla que decía "Franco, Franco, que tiene el culo blanco porque...". Pero bueno, imagino que con la nueva ley de la Reforma Histórica del Gobierno la habrán censurado.

Pues bien, resulta que a un señor de cuyo nombre no puedo acordarme se le ocurrió la idea de crear una letra nueva para poder cantar agusto el himno. Una letra que hiciera que cualquier extranjero que la escuchase (y la entiendese) pensara que España es un país maravilloso, lleno de florecitas, con colorines y cielos soleados. Vamos, el país de los Teletubbies. Pero para cualquiera que conozca la cruda realidad de nuestra tierra, la letra resulta un tanto irónica. Y claro, como los del jurado encargado por el Comité Olímpico Español y SGAE (siempre al pie del CANON, no sea que se violen derechos de autor) no son tontos, han dicho "sí hombre, para que cuando haya que decir 'justicia' o 'democracia' se produzca un silencio absoluto". Además, lo de los "verdes valles" debería cambiarse por "tierras de sequía". Por eso han preferido esperar a que haya un himno más acorde, un himno que nos represente más fielmente.

De modo que yo, que me paso el día tocándome los huevos a dos manos siendo creativo, he escrito la letra que mejor representa a los españoles en general. Dice así:
Viva España,
la tierra de los castings en televisión
que duelen mogollón
Viva España,
si no tienes talento para nada más
que hacer el subnormal
ven a la tele donde siempre viene
bien un poco más de gente que humillar
por cada estupidez que sueltes por
esa boca te pagarán un dineral.

¿Representa o no representa a la perfección la situación de nuestro país? ¡Existen castings para todo! Para cantar, para bailar, para actuar, para ser modelo, para escribir letras de himnos, para entrar en casa llenas de cámaras, en islas desiertas... Y todo se resume en una misma cosa: salir en televisión. ¿Por qué esa desesperación por salir en la tele? Amos a ver, cacho de imbécil, si de verdad tuvieras talento para algo, ¿no crees que estarías ya trabajando?

Y es que, a los castings, se presenta todo Cristo. La gente va por ir, como el que entra al Mercadona porque le pilla de paso, a ver si suena la flauta y, con suerte, la flauta suena tan fuerte que no se oye lo mal que canta. Son personas que hacen perder el tiempo al jurado y ponerlo de mala leche para el siguiente candidato que, por muy bueno que sea, dura menos que un maletín de dinero en la puerta del Congreso. Otros, hay que reconocer que lo hacen bien. Pero ahí está el jurado puñetero que es el que elige. Y no deciden por lo bien que lo hacen o por lo buenos que parezcan en comparación, qué va. Lo hacen preguntándose "contigo, ¿podemos ganar dinero?". Si es que sí, tira pa'dentro; si es que no, ¡aaaa tomá po culoooo!

Hace poco, se han sacado de la manga un nuevo concurso que consiste en un casting contínuo: "Tú si que vales". Un programa donde los concursantes van a demostrar qué saben hacer. Ciertamente, el nombre del programa parece un mal chiste al ver a ciertos crímenes contra la naturaleza hacer el imbécil para tanta gente. Porque vale, si es un programa cutre, pues no lo ve ni Dios. Pero si encima, haces el ganso más de lo que se espera, ahí están los demás programas para mostrarnos cómo hiciste el ridículo más espantoso de tu vida. Si es que deberían hacer un casting para participar en el casting. Pero es que, luego, con los que sí que valen (dos o tres) no se sabe qué hacen con ellos. Tal vez los incineran vivos diciendo "¡una mierda me vas a quitar tú el trabajo!".

Luego hay gente que se presenta para participar en concursos humillantes, como es el caso de Gran Hermano. Pero no te van a poner a los más listos o con más recursos, no. Te ponen a los más conflictivos y gilipollas. Ya no consiste en ser el mejor de todos, sino el menos inepto. Es curioso que le dén más posibilidades de ganar dinero a un personaje que no sabe hacer la O con un canuto que a un... no sé, licenciado en Marketing, por ejemplo. Pero claro, la gente con estudios tiene dignidad suficiente como para presentarse a este tipo de concursos.

Lo mejor de todo es que, hayas ganado el concurso (o lo que quiera que sea) o no, puedes tener un hueco en cualquier otro programa de televisión donde te seguirán dando dinero por contar tu vida. Personalmente, bastante tengo ya con mi vida como para tener que aguantar también la tuya. Me importa una mierda que una tal Nicky se haya colocado un pene y se haga llamar Nicolás, que hay un montón de gente que ha pasado por lo mismo, pero no por ello salen en televisión ni cobran una pasta por contarlo.

¿Por qué se da esta situación? Pues porque hay periodistas que no han conseguido terminar la carrera y que, como no se pueden dedicar a dar noticias de verdad, se dedican a meterse en la vida de los demás. Parecen unas prácticas para terminar sus estudios. Lo mismo después se pueden ir con la National Geographic, a ver si con un poco de suerte los mandan al fondo de un cráter o, por lo menos, bien lejos. No sé, a Júpiter, por ejemplo. Seguro que los gases de allí huelen mejor que sus noticias.

Pero la culpa no es sólo suya. Están también las marujonas que se tragan estos programas. Y como los ven, los programas tienen que ofrecer más. Y así se forma un círculo más vicioso que cien putas bailando una sardana. Algunas de éstas no son tan marujonas, sino que ponen la tele y, hasta el momento que empieza lo que sea que vaya a empezar, con tanto anuncio se quedan fritas. Y yo me pregunto ¿cómo sabrán cuánta audiencia tienen los programas? ¿Cómo saben cuántos ojos están mirando el televisor en su cadena a esa hora? Yo creo que los que manejan los índices de audiencia tiran los dados y, según cómo salgan, a una cadena les ponen una cifra y a otros otra:
- Venga, a ver lo que sale... ¡once!
- Once, once... ¿a quién se lo ponemos?
- No sé. Tira un dado, a ver...
- ... ¡Tres! ¡A Antena 3!
- Nooo, que ya había salido, tira otra vez...
- ... ¡Dos! ¡La Dos!
- Pues se van a cabrear los del Tomate cuando vean que les ha superado un documental...

En fin, que si no tienes trabajo ni talento para hacer absolutamente nada y no te importa perder la poca dignidad que te quedaba, siempre tendrás los castings dispuestos a ofrecerte un montón de dinero, ya sea directa o indirectamente.

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Los anuncios de televisión

Si padeces de insomnio y tienes ganas de pegarte un tiro o símplemente te cuesta conciliar el sueño con los ronquidos de tu pareja y quieres pegárselo a él/ella (que las mujeres también roncáis, sólo que no os decimos nada), existen métodos más efectivos que ponerse a contar ovejas, tomar pastillas para dormir o leer un libro de Antonio Gala. Métodos mucho más efectivos y más... iba a decir relajante, pero como que no. Más bien, pone de los nervios. Tan sólo, siéntate en el sofá (si el sueldo que te proporciona tu contrato basura te permite tener uno) y enciende la televisión.

Si pensabas que iba a hablar de la telebasura, te equivocas. Aunque, bueno, no es muy difícil saber de qué voy a hablar después de leer el título. La telebasura no hace que te duermas; la telebasura te vuelve completamente imbécil. Ya hablaré de este tema en otra ocasión, que seguramente me dé para más de un capítulo.

Enciendas la televisión a la hora que la enciendas y pongas el canal que pongas encontrarás lo mismo: publicidad. Y es que claro, cuando las cadenas emiten más minutos de propaganda que de programación no es muy difícil acertar. Así es imposible seguir el hilo de una serie; te quedas frito. Luego no quieren que las descarguemos de Internet. ¡Pero si es que casi da tiempo a tenerla descargada en lo que dura un intermedio! Y no un capítulo, no, ¡toda la temporada! ¡Y hasta las inéditas en nuestro país!

Y lo mismo con las películas. Una película de hora y media se puede alargar perfectamente hasta tres o cuatro. Si son películas de sobremesa, se las arreglan para meter dos películas (y no más) entre telediario y telediario: una malísima y otra peor, pero más corta. Y luego están las películas de la noche, que curiosamente no es horario infantil, pero a veces meten películas para niños mientras que por la tarde meten unos dramas para llorar de lo malas que son. Pero en fin. Si las películas de la noche empiezan a las 10 (según lo que ponen el periódico y las revistas y lo que las mismas cadenas anuncian durante un mes), terminan a las tantas. Cómo se nota que el que se encarga de darle al play no tiene que trabajar hasta las 10 de la noche siguiente, ¿eh?

¿Y cuando a Antena 3 le da por poner El Señor de los Anillos? Lo primero, que ni de casualidad se les ocurriría hacer una "Semana del Anillo" para poner las tres (antes lo hacían, se ve que se quedaron sin presupuesto). Qué va. Ellos ponen la primera parte y, cuando están totalmente seguros de que se te ha olvidado de qué iba, te ponen la segunda. Y ya, cuando te ponen la tercera y última parte, ya es la hostia: o trasnochas hasta las 5 de la mañana y empalmas con el día siguiente (o te pides la baja:
- No puedo ir a trabajar, no me encuentro bien...
- La película de anoche, ¿eh, cabrón?)
o lo intentas grabar en vídeo, que como no tengas una cinta de seis horas o función Long Play en el vídeo (o un disco duro de ciento sesenta gigas vacío, depende de lo pijo que seas) no te cabe ni de coña. Y es que, con lo que duran película más anuncios te da tiempo a ver la trilogía entera, en versión extendida y hasta las tomas falsas comentadas por el director.

Ahora se han sacado de la manga los "miniintermedios", que son esos espacios publicitarios que duran lo justo para asegurarse de que no te dé tiempo ni de ir al baño a mear y, así, meterte por los ojos hasta el cerebelo ese anuncio que, normalmente, lo ves empezar y cambias de canal. Algo así como un acto reflejo: "¡¿dónde está el mando?! ¡¿DÓNDE ESTÁ EL MANDO?!" Te entra el pánico, lo coges al revés, no atinas al canal y al final, desesperado, lo lanzas contra la pantalla gritando "¡A tomar por culo, hoooombreeeeeee!"

Otra cosa que se han sacado es meter la publicidad directamente dentro del programa. Los presentadores de televisión ya no son presentadores; son la imagen del producto a anunciar que, durante el resto del programa, se dedican a presentarlo. Claro, a los directores de las cadenas les viene de lujo ahorrarse su sueldo, que ya se lo paga la empresa anunciante. Lo peor es la publicidad en los telediarios (o informativos, que queda más cool). Sinceramente, después de ver a Matías Prats diciendo "Mueren treinta y dos personas en una explosión de gas. Enseguida se lo contamos" no creo que sea muy apropiado ver a "la columna de tu garaje que tú y yo sabemos".

Una de las cosas que más molestan de la publicidad es que, a cinco minutos o menos de que termine lo que estabas viendo, te meten un intermedio de un cuarto de hora. Si era viendo una película o una serie, probablemente ya te hayas quedado sopa y te pierdas el final. Si, por el contario, era viendo un programa, cuando termina el intermedio sólo vuelven a aparecer para despedirlo. ¡Coño, que lo despidan antes y nos vamos todos a dormir! ¡Que hay gente que trabaja de verdad! Es que, los de la tele, no conocen las seis de la mañana si no es para volver a casa de juerga.

Las cadenas no se dan cuenta de que a quien perjudican realmente es a los propios anunciantes:
- Compra esto, que lo he visto en la tele...
- ¡Con lo que tocan los huevos en los anuncios lo va a comprar su puta madre!

En fin, que para ver la tele y dormirse de aburrimiento, mejor bajárselo de Internet y dormirse a su hora.

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